La Pincelada única y el Trazo en Carlos Rodal

La pincelada única y el trazo en Carlos Rodal 

Raúl Bañuelos 

“La pincelada es la espina dorsal de la pintura. Las cualidades que hay que perseguir son: fuerza contra debilidad, ligereza contra apelotonamientos amorfos, firmeza contra capricho y refinamiento contra la vulgaridad. En consecuencia, las pinceladas deberán ser luminosamente claras, arcaicamente oscuras. Firmes, recortadas y ricamente lustrosas. Sus puntos, líneas y curvas deberán ser naturalmente rítmicas y las quebradas y cortes de una maestría deliciosa” ( Shen Tzung Ch’ien 1781 d. J. C. ) (P. 112. Teoría de la estética taoísta. Luis Racionero. Alianza Editorial, España, 1983)

“La pincelada única – según Shi Tao – se ejecuta en un solo movimiento”. No es una habilidad externa a la sabiduría de lo esencial del arte, que ha rebasado la rigidez de unas reglas establecidas. Pues dice: “Mediante la pincelada única, el hombre puede restituir en miniatura, una entidad mayor sin mermarla: si, primeramente, el espíritu se forma de la misma una visión clara, el pincel llegará hasta la raíz de las cosas”.

Todo ello implica que el pintor no ha de “reproducir” una entidad (objeto, persona o un conjunto de entes). Ha de llegar a crear una obra con elementos simbólicos, evocativos o imaginados de algo representado desde la propia raíz. Así, la obra no tiene límites formales. Y es libre de ser proyectada de manera figurativa y/o abstracta.

Allí ubico a Carlos Rodal en su movimiento pictórico. En este artista jalisciense, la pincelada única y trazo implica un “viaje a la semilla”, como diría Alejo Carpienter. Llámese en Rodal: la Pintura (Clemente Orozco); lo prehispánico en el colorido y la simbología, la mujer en su danza y su erotismo germinal; la luna y sus alrededores; el Corazón humano en su propio sustrato; y el esperma de la semilla originaria de todo lo que vive; o el Universo mismo: en lo negro de la nada o la luz de la totalidad. Todo en una diversidad de formas abundante. Desde la línea recta hasta la curva girando en sus orbitas.

La pincelada única y el trazo de Carlos Rodal aparece. En algunos casos, como recurso de la espontaneidad (“arduamente trabajada”, escribió Monsiváis sobre Sabines), en un aprendizaje de la escritura automática del surrealismo; y en otras obras, como una derivación de la profundidad del Ser diciéndose a si mismo en la creación, proveniente de la estética oriental. Y nos hace testigos privilegiados. Contemplemos.

Otoño de 2012

 

Raúl Bañuelos, Guadalajara, 1954. Es profesor-investigador en la Universidad de Guadalajara. Ha publicado varios libros de poesía. Parte de su obra ha sido traducida al coreano, francés, inglés, italiano y portugués. Aparece en la Enciclopedia de México y en Diccionario de Escritores Mexicanos.

Raúl Bañuelos, Felipe de la Cruz, Ricardo Solís

“CARLOS RODAL, VERDAD DE LA PINTURA”

Exposición de pintura y escultura,  Museo Taller José Clemente Orozco,
Guadalajara, Jalisco, México 2012
Editoriales, CONACULTA-INBA, La Sonámbula
ISBN: 978- 607- 9193- 30- 0
2013