Carlos Rodal: in the Void between Art and Life (2004)

Actions beautiful days terrible dreams
Vegetable intercourse eternal music
Movements Adorations divine pain
Worlds that resemble one another and resemble us
I have drunk them without quenching my thirst.

– from the poem Vintage Month, by Guillaume Apollinaire.

 

Approaching the work of Carlos Rodal is an exercise in visual gratification, but it also requires a careful reading. His paintings, drawings and watercolors feed on a universe of multicultural references, which Carl Jung called archetypes, related to the cosmogonies of various civilizations (in particular, the shamanism of certain ethnic groups and the cultural syncretism of Mexico). Rodal incorporates these symbols in a modern idiom, and thus obeys the imperative of all artists to assimilate the times they live in. There is also a special love for nature, landscapes, animals, as well as a celebration of the human body. These topics constitute the artist’s natural range, which he has patiently built upon to arrive naturally at abstraction with geometric elements.

Moving beyond pastiche or reactionary fashions such as kitsch, ready-made or copy art, Carlos Rodal disregards improvisations or fleeting fashions, and instead devotes himself to the vocation of painting, drawing, watercolors and graphics, avoiding shortcuts, to channel and express his ideas and visions. Some of his materials are accidental: napkins, found objects and miscellaneous contraptions designed for some other purpose, share the stage with high-quality papers, fine canvases and a variety of pigments and instruments. Despite the accidental nature of these objects, Rodal’s work always adheres to a rigorous sense of quality. The result is a syncopated and hypnotic rhythm, with a conscious intention of fostering the interplay that links the manifest paradoxes that arise in the visual language and express utter joy.

Carlos Rodal has never hesitated to recognize the influence of the teachers that have inspired him, including Pablo Picasso, Francis Picabia, José Clemente Orozco, Roberto Matta, Willem de Kooning, Robert Rauschenberg, Antoni Tápies and Joseph Beuys. In his native Guadalajara, the artist made contact with important Mexican artists such as architect Luis Barragán, artist Juan Soriano and Rodal’s friend and mentor, architect Ignacio Díaz-Morales. They deserve some of the credit for molding Rodal’s artistic credo and sense of vocation.

Carlos Rodal has maintained his position with honesty and without ambiguities since the end of the eighties, even as he refines his vision with growing precision and clarity. This maturity has not brought monotony. On the contrary: his work renews itself constantly. The dynamism of his compositions, the luminosity of his colors and his always new ideas declare his mastery and have allowed him to plot a course through the winding paths of the art world. In the words of the artist: “There is no end, but always a doing.”

Rodal’s work also reflects world events, such as the destruction of the Twin Towers, which he witnessed from his studio in Williamsburg, New York. But he never falls back on narrative or literal devices. His concerning of society and the human condition, fundamental issues to him, are subtle.

The University of Guadalajara has invited the artist to mount a solo exhibition, “Acción del Polen,” at the parallel activities of 18th edition of the International Book Fair. This exhibition will give us a new opportunity to appreciate the work of this young artist. The exhibition will include his most recent work in charcoal, watercolors and mixed media on canvas. These works offer a comprehensive vision of Rodal’s artistic universe.

“Acción del Polen” demonstrates the vitality of artist borned in Mexico. We should follow the signs that the artist has provided for us to traverse his world.”

Mayra García
Mexican Cultural Institute of New York
September 2004

Acciones días hermosos sueños terribles
Cópula vegetal música eterna
Movimientos Adoraciones dolor divino
Mundos que se parecen unos a otros y se parecen a nosotros
Yo los he bebido sin calmar mi sed.

– Del poema Vintage Month, por Guillaume Apollinaire

 

Carlos Rodal, en el vacío entre el arte y la vida

Abordar la obra de Carlos Rodal es efectuar un ejercicio de placer visual que requiere a la vez una atenta lectura. Sus pinturas, dibujos y acuarelas se nutren de un universo de referencias multiculturales, relacionadas con cosmogonías donde los símbolos  juegan un papel especial; es lo que Carl G. Jung llamó arquetipos, procedentes de muy diversas civilizaciones. Podemos mencionar, especialmente, el chamanismo de algunas etnias indígenas y el sincretismo cultural del mestizaje en México, integrándolos a la modernidad, (el reto de todo artista al asumir su tiempo y espacio). Se aprecia un especial afecto por la naturaleza, el paisaje, la fauna, así como la celebración del cuerpo humano. Estos tópicos constituyen el ámbito en que el artista sustenta su trabajo desde sus inicios y del cual partió con paciencia hasta llegar de una manera natural a la abstracción con elementos geométricos.

Moviéndose más allá del pastiche o de modas reaccionarias como el kitsch, el ready-made o el copy art, Carlos Rodal no asume corrientes pasajeras, y apuesta fuerte por el oficio de la pintura, el dibujo, la acuarela, la gráfica, evitando atajos, para canalizar y expresar sus ideas y visiones. Y los materiales de trabajo salen siempre a su paso: servilletas de restaurante, chatarra de las calles, diversos soportes y artilugios que antes tuvieron otro uso, comparten honores con papeles nobles, lienzos finos y todo tipo de pigmentos e instrumentos que integran sus formas y ceden su superficie y cualidades a la obra, con un estricto apego a la calidad en la factura. El resultado es un ritmo sincopado e hipnótico, con una conciente intención lúdica que vincula a las manifiestas paradojas que surgen en el lenguaje visual, expresando a la vez la alegría de vivir.

Carlos Rodal se nutre de la exquisita tradición que le precede: Pablo Picasso, Francis Picabia, José Clemente Orozco, Roberto Matta, Willem de Kooning, Robert Rauschenberg, Antoni Tápies y Joseph Beuys. Por otro lado, los orígenes del artista, que se remiten a la ciudad de Guadalajara, Jalisco, le brindaron la oportunidad de establecer amistad con figuras provenientes del mismo estado, como el arquitecto Luis Barragán, el artista plástico Juan Soriano y su mentor, el también arquitecto y catedrático Ignacio Díaz-Morales. A ellos podemos acreditar, en parte, su credo artístico y dedicada vocación que Carlos Rodal ha manifestado durante su carrera.

Desde finales de la década de los ochentas y hasta la fecha, han transcurrido dieciocho años, a través de los cuales Carlos Rodal ha mantenido su posición con honestidad y sin ambigüedades, con una propuesta que ha ido aquilatándose con mayor precisión y nitidez. Con todo, esta madurez no ha traído monotonía, por el contrario, su obra muestra una renovación constante, presente en el dinamismo de sus composiciones, la luminosidad del color que emplea y la generación constante de ideas, manifestando así su condición de artista en plena forma. Esto le permite seguir navegando los complejos caminos del arte. En palabras del propio artista: “No hay final, si no siempre un hacer”.

Asimismo, cabe mencionar que Carlos Rodal incorpora en su obra elementos del acontecer mundial, como la caída de las torres gemelas, (presenciada por el desde su estudio en Williamsburg, Nueva York), pero sin acudir a lo narrativo o literal. De esta manera, Rodal canaliza una preocupación social y por la condición del género humano, ambos tópicos fundamentales del artista.

Afortunada es, entonces, la invitación que la Universidad de Guadalajara ha extendido al artista para que participe en las actividades paralelas de la XVIII Feria Internacional del Libro con la exhibición individual titulada:  “Acción del polen”. Y es que dicha muestra nos brindará una nueva oportunidad de acudir a la obra de este joven artista, donde podremos apreciar sus más recientes trabajos en carboncillo, óleos y acuarelas de corte abstracto. Este conjunto de obras sin duda nos ofrecerá una muy completa visión del universo en el que Rodal viene desarrollando su trabajo.

Acción del polen” es, a la vez, un nuevo pretexto para poner a discusión la vitalidad de los artistas nacidos en México; aprovechemos pues, las señales que para ello nos brinda el artista.

Mayra García,
Instituto Cultural Mexicano de Nueva York
Septiembre 2004